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miércoles, 6 de enero de 2010

El Cubismo en la Arquitectura: Le Corbusier.




El cubismo tomó mucho importancia en la arquitectura y hubo dos corrientes que marcaron las formas, denominadas fase analítica y sintética.
El período analítico transcurrió entre 1910 y 1912.




Los lienzos de esta época se caracterizaron por el análisis
de la realidad y la descomposición en planos del los distintos volúmenes de un objeto para que la mente captase su totalidad. Desde el principio se pretendía un arte más conceptual que realista. Predominaban los ángulos y las líneas rectas y la iluminación no era real, ya que la luz procedía de distintos puntos. Las gamas de colores se simplificaron notablemente, en una radical tendencia al mono-cromatismo: castaños, grises, cremas, verdes y azules. Con todo ello se intentaba combinar la tri-dimensionalidad del mundo real con la bi-dimensionalidad de la obra artística.

La fase sintética trajo consigo la reconsideración de algunos de los modos expresivos de la anterior. El color volvió ahora a tener mayor protagonismo. Las superficies, aunque seguían apareciendo siempre fragmentadas, eran más amplias y decorativas.

Es importante le relación de Le Corbusier con la vanguardia, y principalmente con el cubismo, del que fue fiel. Muchos de sus cuadros semejan las plantas de sus obras. En el lenguaje de Le Corbusier, la planta asume un significado y un valor muy determinados: las características que sobresalen en algunas plantas pueden referirse a la pintura purista. La experiencia pictórica es una de las familias morfológicas de que se compone el estilo de Le Corbusier, la de las formas definidas como libres. La otra se refiere a los motivos funcionales, a los trazados moduladores, al modulor.
La vanguardia de Le Corbusier surge de impregnada de una actitud positiva, con una confianza iluminista en que todo depende del planteamiento racional y correcto de los problemas, en que la arquitectura por si sola puede corregir las contradicciones de la sociedad. Para él es importante la comunicación. Su purismo aparece siempre ligado a motivos figurativos decodificables, nunca llega a pintura abstracta.

La “inserción de los planos constituye la gran invención espacial de la época ; rompe de manera definitiva la concepción del espacio escenográfico cúbico, sustituyéndolo por un espacio abierto, en el que los planos constituyen por sí mismos objetos susceptibles de superponerse en parte, sin llegar a anularse. Se destruyó la creencia en la virtud del prisma visual único, que excluye de la realidad todo aquello que se sitúe fuera del ángulo momentáneo de visión. Surgió la idea de que el arte es susceptible de evocar, mediante simples fragmentos, objetos figurativos disimulados a medias. Nada de esto va en contra de la realidad del mundo sensible. Se trata de una reinterpretación, no de una anulación del mundo de las apariencias”. (FRANCASTEL, Pág. 368)